UN ACTO DE REBELDÍA.

Yo, que me creía la Reina Rebelde de todos los bailes. Esa que poseía la verdad absoluta con cada gesto, cada frase… Con cada mirada de: «Estoy por encima de vuestro bien y de mi mal».

 

Yo, que hacía un absurdo alarde de todo aquello que presumía ser; pero que ni era, ni se me esperaba; porque a lo más que mi neurona alcanzaba, era a imitar a todo aquello que brillaba…

 

…PARA NADA.

 

Y llegó el momento de hacerlo, DE VIVIR. Pero mis pies se empeñaron en seguir bailando, sin querer darse cuenta que aquello no hacía camino, que este solo se hace andando.

 

Deseché todas las brújulas. Ninguna estaba a mi altura. Querían guiarme ¡¿A mí?! A la Reina del Baile.

 

Y perdida… completamente perdida, lo único que me quedó fue encontrarme.

 

MIS CHICAS COCODRILO, con esta entradilla «destriunfal» tan diferente a todas las andanzas que os suelo contar, os quiero presentar el relato en prosa poética que hicimos para Instagram hace unos días, entre la maravillosa Pat MM de @omw_tohappiness y yo. 

 

¡¡¡OS PIDO A GRITOS Y A LO LOCO QUE LA SIGÁIS DESDE YA EN TODO LO QUE HACE!!! Es simplemente FABULOSA.

 

Ella y yo esperamos que os guste tanto, como a nosotras nos ha gustado escribirlo. ¡Gracias!

Ahí va:

 

«Mirando absorta las olas del mar, desde la ventana de este barco, que ya es parte de mi hogar; me doy cuenta de que la vida me está premiando la rebeldía de haberle plantado cara al destino.

Ese al que enfrentarme no estaba en mi hoja de ruta. Era tan difícil mirarle a los ojos, que me dije: Tú, pasa de él y disfruta. Pero la enésima fiesta terminó, y la resaca de realidad me obligó a reinventar el camino.

Y si se trataba de reinventar, no conocía mejor manera que enfrentarme de nuevo a los folios en blanco, esos que dormían abandonados en aquel escritorio olvidado en el fondo del trastero, que me esperaba con una mezcla de enfado y anhelo, que solo su piel de madera era capaz de disimular.

Él me miraba desnudo, intentando sonsacarme aquellas mil batallas: peleadas y luchadas; perdidas y ganadas… todas esas que hicieron de mi corazón un nudo.

Y charlamos cada tarde. Él se acicalaba con su mejor pluma y tintero, pero yo aún escondía lo que en mi puño arde. Hasta que cansado de mis miedos, su barniz desvencijado, me dijo que ya estaba harto de tanta retórica. De lo inacabado.

Ese fue el día que saqué todo lo que por mis venas corría. Ese fue el día que cogí las riendas de mi vida. El día que me llevó a este barco en un acto de rebeldía contra mi destino».

 

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