TÚ, MISMAMENTE

Durante muchos años fui siempre la pequeña de todas las pandis con las que me arrejuntaba. Y sí, lo digo en plural, porque una ha sido siempre muy ecléctica y lo mismo servía “pá un roto que pá un descosío”. La pequeña de las amigas y amigos del barrio, de las de clase, de los del pijoteo, de los del flamenqueo, de los de aquellos veranos playeros locos-locos, de los grupetes de parejitas y hasta en el trabajo… Y sí, al contrario de lo que la culturilla popular indica, a mí me flipaba ser la pequeña.

Se podría pensar que esa emoción se debiera a que, por el hecho de ser la “baby”, todos me mimaban y cuidaban como si de una hermana menor se tratase. Pero ¡Ay fabusmi@s! Nada más lejos de la realidad.

Yo lo flipaba porque, aunque SIEMPRE, SIEMPRE, SIEMPRE era la enana (fecha de nacimiento entre mantecados y turrones, no os digo más) NUNCA, NUNCA, NUNCA, nadie lo creía.

Tener doce, catorce, dieciséis… y que todo el mundo creyera que eras una mujer en vez de una cría… ¡daba todo el PODER! O eso era lo que, tan estúpidamente, teníamos clavado a fuego en nuestras neuronas. Faldas más cortas, labios más rojos, tacones más altos, cigarrillo en una mano y una copa en la otra.

Y era divertido. ¡Joder, que si lo era! Pero ¿De verdad era necesario?

Ahora, a los cuaimuchos, me siento aquí a escribir, a hacer lo que tenía que haber hecho desde aquella “pequeñez”, en la que soñaba con ello, pero que no hice porque:
¿Cómo iba yo a “señalarme” de esa forma?
¿Quién iba a molestarse en leer mis chorradas?
¿Por qué leches iba yo a hacer el más mínimo esfuerzo, si era mucho más divertido estar por
ahí jugando a ser la bomba, a ser mayor?

Pero llega un buen día en el que, así, sin que nadie se haya molestado en explicarte que acostarse sin desmaquillarse es un pecao mú gordo; vas tú y te despiertas, como recién caída de una séptima planta y sin saber muy bien de dónde te ha venido semejante hostia, y espabilas rapidito porque te das cuenta de que, ya no solo no eres la peque, sino que ahora SIEMPRE, SIEMPRE, SIEMPRE, eres la más viejuna de allí donde te arrimas.

Al principio jode ¡Joder que si jode! Pero ¿De verdad no lo necesitabas?

Las miradas cambian, las actitudes cambian, las preguntas cambian, los besos cambian, pero desde luego que no lo hacen a peor, simplemente cambian.

Poco a poco te vas dando cuenta de que ahora sí eres un referente de verdad para alguien, incluso a veces, para muchos. Ya no tienes la necesidad de llamar la atención por lo que aparentas ser, simplemente eres lo que eres y quién se queda contigo lo sabe, y eso solo significa que te quiere bien.

Y al que no le guste que no mire.

¡Niña! ¡Sí, tú! Mi yo del pleistoceno. No te arrepientas de nada, que estás hecha de todo aquello que quisiste, porque lo que no querías también lo tenías muy claro. Así es que no pienses que vengo ahora, a torito capoteao, a darte consejos —que además son como el culo, que todo el mundo tiene uno—. Simplemente tenía ganas de charlar contigo, de contarte que tu ineficiencia planificadora nos ha llevado a todos los puertos a los que hemos querido ir, incluso a fabricarnos uno propio, ese donde nos hemos hecho fuertes, pero en el que cabe todo el que venga con ganas de bien.

¡Ah, sí! Una cosita tonta que se me olvidaba decirte:
NI SE TE OCURRA DESAPARECER DE MÍ, QUE SIN TI YO ME PIERDO.

 

 

 

2 respuestas a “TÚ, MISMAMENTE”

  1. El final es…APOTEÓSICO amiga.

    1. Y si me lo dices tú, a mí que se me hacen la gomilla de las bragas pepsicola ❤️

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