Relato: «Un nuevo verano». Capitulo 3: La Realidad.

¿Te perdiste el primer y el segundo capítulo de «Un nuevo verano» Puedes leerlo aquí y aquí

 

Han pasado cinco días desde que recibí la solicitud de amistad de Tamara en Facebook y, desde entonces, no he podido pensar en ninguna otra cosa que no haya sido en: ella, su mensaje, Javi, lo que fue, lo que no fue, y en estos veinte años en los que no he sabido nada de ellos.

Podría decir que se me han venido todos los recuerdos, así, de repente. Pero ¿A quién pretendo engañar? Si miro hacia atrás, me temo que no ha habido ni un solo día en que, de una u otra forma, consciente o inconscientemente, no les haya tenido a los dos en mi cabeza. El problema es que hasta hoy eran solo fantasmas del pasado que siempre estaban ahí, como en una especie de nebulosa. Pero desde que leí el mensaje de Tamara y miré su foto; en la que parecía sonreírme con la misma admiración condescendiente con la que lo hizo aquel último verano; los dos se han apropiado de cada rincón de mi mente.

La verdad es que no sé muy bien ni cómo justificármelo a mí misma. Me da vergüenza, mucha, y hasta algo de miedo, pensar que soy una persona tan sumamente egocéntrica. Pero por muchas excusas con las que ahora intente escondérmelo, la realidad es que cada paso de mi vida lo he dado pensando en que Tamara y Javi estaban ahí para verlo. Para ver lo bien que me iba, aunque esto no siempre fuese cierto, pero yo así se lo mostraba. Para ver que pasaban los años y yo continuaba siendo el eje sobre el que giraba todo y todos los que tenía a mi alrededor y como ellos dos lo observaban todo desde ese rincón escondido en mi interior, muertos de envidia.

No sé por qué lo hago, pero lo hago, aunque no quiera.

Cada amiga que he tenido, cada hombre que me ha rondado y al que he conquistado, cada escalón ascendido en el trabajo, cada tarde de risas y todos los buenos momentos vividos —se los he mostrado a la Tamara y al Javi de mi cabeza— como éxitos extraordinarios que yo disfrutaba sin ellos, para que les quedara claro que ya no les necesitaba.

Se ve que estaba completamente equivocada.

 

Sin embargo, no ha sido tan sencillo ocultarles los fracasos. Los constantes cambios de amigas, muchas veces sin que ellas llegaran a considerarme como tal cuando ya no soportaban que yo monopolizara todos nuestros encuentros. Las idas y venidas de hombres en mi vida; todos persiguiendo a esa mujer que se les presentaba bella, fuerte, divertida, de mundo; pero que cuando la desnudaban por dentro, solo encontraban un antiguo rencor del que nunca supieron su origen.

La decadencia. La soledad…, yo urdía todo tipo de artimañas para que no las
percibieran, pero ellos siempre terminaban viendo cómo, sola, me había atrapado en ellas. Les culpaba por no querer dejarme libre, pero la Tamara y el Javi encerrados en mi mente, ni siquiera se dignaron en culparme, solo me miraban con una pena inmensa.

De verdad ¡Voy a volverme loca! ¡Cuánto me gustaría no sentirles así! No pensar constantemente en lo que no fue y que aún quiero que sea. Pero no puedo…, simplemente no puedo.

Abro Facebook, acepto la solicitud de amistad de Tamara, y sin molestarme en mirar su perfil, busco a Javi entre sus amigos. No lo encuentro, pero no me extraño. A Facebook se entra a pasar el rato, no a estar pendiente de lo que hace tu marido ni que él tenga que saber lo que trajinas tú por allí y, aunque no me cuadre que la Tamara de mi adolescencia sea de las mías en esto, han pasado veinte años… ¿Quién sabe en lo que se habrá convertido?

Ese es todo el pensamiento que le dedico a ella. Bostezo, miro el reloj que dice que solo quedan seis horas para que suene la alarma del despertador, pero me da lo mismo, no voy a poder pegar ojo si no encuentro el perfil de Javi. Como de una detective deseosa por resolver su último caso, comienzo a investigar a todos los amigos del perfil de Tamara hasta dar con alguien que le tenga enlazado. No creo que tarde demasiado, en esto de encontrar maromos en Facebook soy una experta.

 

¿Quieres conocer el relato de la otra protagonista de esta historia, TAMARA Puedes leerlo aquí

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