Relato: «Un nuevo verano». Capítulo 1: Solas.

CARMEN.
El maromo del sábado resultó ser otro fiasco más. Uno de tantos.
Estoy harta de tanto impresentable. Las webs de citas online te los venden como si no hubiese tíos mejores en el mundo y, cuando te los echas a la cara, resulta que no sirven ni para estar escondidos.


Definitivamente, tengo que pasar del mundo virtual y comenzar «la búsqueda» en la vida real. Y para eso no hay nada que funcione mejor que una buena chupa de cuero y labios rojos.
Ninguna de mis compañeras de sección en el Ayuntamiento se ha sorprendido al verme llegar un lunes vestida como si viniese de un concierto de U2, simplemente se han limitado a lanzarme sus habituales miradas inquisidoras, que, en el fondo, son solo pura envidia. Y no me refiero a esa envidia boba a que yo aún pueda enfundarme estos jeans elásticos de la 38 y que además me sienten como un guante. ¡Qué va! Sino a una de esas envidias que duelen por dentro. Nunca han podido soportar que yo sea capaz de hacer y deshacer la vida a mi antojo mientras ellas solo la ven pasar de lejos.
Desde que mi hijo Alex se independizó hace algo más de un año, ya no tengo que salir corriendo a casa a hacer la comida y, como a su padre hace una eternidad que lo mandé a freírse los huevos él solito, ahora puedo ir directamente de la oficina al gym a «echar un vistazo» y a que «me lo echen», que nunca está de más.
Visto lo visto, tampoco es buena opción. Ha sido una hora de testosterona descontrolada, que lo único que sabe hacer es regodearse en sí misma, esperando a que sea yo quién le guiñe un ojo. ¡Y de eso nada! Que yo soy mucha Carmen y al que no le guste que no mire.
Mientras me ducho, pienso que no estaría mal pasar esta noche por el «Sabor Latino» a ver si hay alguien interesante para marcarme un par de bachatas y ¿por qué no? algún que otro kizomba, que con ese bailecito no hay Dios que se me resista. Pero enseguida recuerdo que es lunes y que hoy es la clase de los novatos y, a esos pobres, los dejo bloqueados con solo acercarme, y así no hay quién… ¿baile?
Giro la llave y al abrir la puerta de casa me recibe una oscuridad absoluta. Cuando salí esta mañana aún era de noche y al volver tengo que encender las luces y la tele para tener algo de calor y compañía ¡No soporto el invierno!
Una tortilla francesa, un yogurt y me tumbo en el sofá sin ni siquiera haberme desmaquillado. Vueltas al mando ¿Quién inventaría este endiablado trasto? Nada…, en la tele no hay nada. Y no sé de qué me extraño, hace años que no le presto atención. Pero no la apago. Las conversaciones que salen de la pantalla y que yo no escucho, difuminan mi realidad. Esa que ahora, ya de noche, me hace ser consciente de que solo he cruzado un par de escuetos saludos en todo el día… Un día más en que no he tenido nada que compartir con nadie.
Son las 22:30. La mejor hora para comenzar a marear y marearse en Facebook. Mi messenger cualquier día de estos revienta. Decenas de mensajes de tíos que no conozco, pero bueno, así me entretengo un rato separando el grano de la paja. Algunos son infumables por lo espeso: que si dulce flor de mi vida; que si luna de mis noches; que si solo puedo soñar con tu sonrisa… Lo dicho ¡INFUMABLES! Aunque desde luego no son los peores, que los hay que deberían estar entre rejas. A esos: bloqueo inmediato, y solucionado.
¡Hombre! Un mensaje de una chica ¡Esto sí que es nuevo! Veamos.

¡Hola Carmen! Soy Tamara de la Vega, ¿cómo estás? Me estoy poniendo al día en esto de las redes sociales (ya sabes que yo he sido más de escribir cartas) y he visto tu perfil. Me encantaría hablar contigo y ponernos al día. ¿Cómo te ha tratado la vida? Por lo que veo muy bien, estás tan guapa como cuando teníamos 15 años. Últimamente me he acordado mucho de nuestros veranos juntas… Me haría mucha ilusión saber de ti. ¡Muchos besos!


¡No puedo creerlo! ¡¿TAMARA?!
Releo su mensaje una y otra vez hasta aprendérmelo de memoria y, miro su foto, intentando reconocer en ella a aquella chica rubia de belleza deslumbrante y saber estar. Sí, es ella. ¡Claro que es ella! La dulzura de su sonrisa y esa melena perennemente dorada, no dejan lugar a dudas; aunque en sus ojos se refleja un halo de tristeza que yo no conocía.
De inmediato entro en su perfil. Necesito saber qué ha sido de él. Qué ha sido de Javi. Ese chico qué, sin él saberlo, nos unió a Tamara y a mí aún más durante aquellos veranos en Torre del Mar y, que con más fuerza aún, nos separó para siempre.

¿Quieres conocer el relato de la otra protagonista de esta historia, TAMARA? Puedes leerlo aquí

2 respuestas a “Relato: «Un nuevo verano». Capítulo 1: Solas.”

  1. Magnífico!! Ahora necesito saber más de todos

    1. ¡Gracias! Todo listo ya para el capítulo 2.

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