¿QUÉ VENDRÁ?

«La Juventud es eso que pasa entre que no te dejan salir en Nochevieja y que no sales aunque te maten».

Una de esas verdades absolutas que te encuentras mientras pierdes el norte y el tiempo mareándote en Instagram, y que hablan de ti misma con la misma desfachatez y la poca vergüenza con la que solo podría hacerlo tu más mejor amiga.

A mí, que me salieron los dientes (y todo lo demás…) de sarao en sarao. Lo mismo me daba colocarme el vestío de flamenca, que el capirote de nazarena, con tal de no perderme una bulla. Que lo mismo me servía un bordillo con litrona a pachas, un chiringuito playero malagueño en el que Danza Invisible sonase en bucle, que un after mañanero con insufrible musicón de «bacalao».

Sí, esa mismita yo, llegaba la Nochevieja y me arrebujaba en el hueco más profundo e inexpugnable del sofá y, para más inri, me parapetaba detrás de mi abuela para gritar con toita la desgana del mundo:

¡¡¿¿QUÉ  ME PINTE YO AHORA COMO UNA PUERTA, PÁ SALÍ A LA 01:30 DE LA MADRUGÁ DEL CALENTITO DE MI MESITA CAMILLA, CON LAS LENTEJUELAS Y LOS TACONAZOS, Y LLEGAR ANDANDO MUERTECITA FRÍO HASTA EL COTILLÓN*??!!… Eso no te lo crees tú ni hartito whisky, niño ¡¡¡TE QUIEEE ÍÍÍ YA!!

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*Fíjese que he dicho «Cotillón» ¿Puede haber algo más random-vintage?

Y así un fin de año tras otro, incluso cuando se suponía que tenía que morirme de ganas por ser la Dancing Queen de la noche. 

Pero iba, ¡Claro que iba! A ver quién era la guapa que dejaba al maromo tirado, después de que el chavalito se había gastado una pasta en las entradas, además de venir hecho un pincel con el traje, la camisa y la corbata que previamente tú le habías escogido un mes antes y sin que él hubiera tenido la más mínima oportunidad de decidir ni el color de los calzoncillos.

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Más floja que «un puñao pelusa» que era una ¡Qué le vamos a hacer! Pero solo para arrancar, porque una vez en la fiesta,  entraita en caló, con más brillos encima que la fachá del Corte Inglés, y felicitando al nuevo año con aquellos ostentosos besos y achuchones a todo lo que se meneaba… Ahí, justo entonces, ya no había final.

Risas, piropos, copas, hacer nuevas más mejores amigas en las interminables colas del baño, bailar hasta quedarse descalza y, sobre todo, querer que aquella felicidad durase todo el nuevo año que acababa de empezar.

Nunca he sido de engullir uva y pedir deseo —bastante tiene una con no liarse con los cuartos y tragar sin espurrear mientras te ríes de ti misma—. Tampoco me he molestado jamás en hacer listas de buenos propósitos a cumplir para el año entrante (lo dicho, que soy mú floja, y además ¿Para qué planificar nada? Si la vida ya se encarga en desordenar todo lo que mis maravillosas neuronas de morena se hayan molestado en organizar).

Como en todo mi caos del día a día desde que tengo razón (aunque no sé muy bien si también tengo «uso» de la misma, ya os lo digo), jamás he sido capaz de saber muy bien lo que quiero, pero lo que nunca me ha fallado ha sido el instinto de lo que NO QUIERO. Aun así, he metido la patita hasta las trancas un millón de veces, pero mira, eso que me llevo aprendío.

Pero fabus, aquí el puñetero y recién enviado a tomar viento fresco de 2020, me ha iluminado. Tal y como lo pienso, lo digo y os lo cuento. Resulta que soy una tía que desborda sapiencia y no tenía ni la más pajolera idea de ello. Yo, que me sentía una mindundi por empezar cada año «más perdía que un chivo en un garaje», que envidiaba con mú mala pipa a todas esas personas inteligentes, capaces de hacerse un BuJo perfectamente planificado, cumplimentado y decorado desde el 1 de enero hasta el 31 de diciembre  (me agoto solo de pensarlo), y que no soy capaz ni de dejarme la ropa preparaita de un día para otro; ahora resulta que todo el mundo quiere vivir como yo lo llevo haciendo los últimos cuaimuchos años, sin la más mínima intención de planear qué va a hacer en la próxima media hora.

Pues igual que estoy hartita de ver en los stories de las más ilustres influencers, me voy a dar el gustazo de decir eso de: 

¡¡¡CÓMO MUCHÍSIMAS DE VOSOTRAS ME LO ESTAIS PIDIENDO A GRITOS, AQUÍ OS DEJO MIS CONSEJITOS…!!! (léase en ironía modo «on»).

  • Que no quiero apuntarme a un gimnasio pá ná, que es tontería bregá.
  • Que nanay de english academy, que yo ya me entiendo estupendamente con todos los guiris cuando voy a guirilandia, aunque me duelan las manos de hablar en inglés.
  • Que lo de dejar de fumar ya se me ha olvidado porque lo mío era solo fumeteo de alterne, y ese se fue cuando llegó la ley de que no se fuma y punto. Una cosica menos.
  • Que no me da la real gana de ponerle cifrás ni fechas a nada: ni a los libros que voy a leer, ni a la cantidad de palabras que voy a escribir, ni a cuándo voy a terminar mi novela (que como me tiene tan enrrollaita, pues yo la acabo y la empiezo ooootra vez, porque le he cogido mucho cariño, ¡eah!), ni a los kilómetros que hago cuando salgo a roneá por el campito (que no runnear), ni a los puñeteros litros de agua que tengo que beber ni a las malditas calorías que no me tengo que comer.

¡QUÉ NO! ¡QUÉ A NÁ!

A mí solo me apetecen todos los besos, risas, viajes y abrazos que no he dado y estrujar mucho más los que la vida sí me deja dar. Solo deseo que cada cual pueda hacer lo que le salga de su mismísimo unicornio-alma, así es que, hagámoslo bien para que TODO LO BUENO VUELVA.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

4 respuestas a “¿QUÉ VENDRÁ?”

  1. No ni ná! Olé ahí, me encanta!
    Qué el 2021 te traiga muchas alegrías y salud, mucha salud!!!

    1. Y qué tú las veas cerquita

      1. Dí que sí, morena!! Mis neuronas funcionan más o menos como las tuyas y también me da flojera los propósitos, que, por otra parte, sé que voy a olvidarlos el primer día. Vivamos lo que venga a nuestra manera. Feliz año reina.

        1. Que tú me leas, el mejor inicio de año. Ahora solo nos queda el achuchón en directo. Llegará!!

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