PORQUE «ARREJUNTAITAS» SOMOS LO MÁS

Llevo un rato aquí plantada, cual poto rebosante sujeto por alcayatas para no desplomarme por la pared infinita de esta pantalla en blanco. Y es que si pienso en MUJERES; en NOSOTRAS; en TODAS las que lo único que hemos querido, desde que el mundo es mundo, es que nos dejen VIVIR CON MAYÚSCULA; no consigo unir letras en palabras para darle a las teclas, sino que solo vienen a mi mente sus caras, las de ELLAS, las de mis «ÁNGELES Y DEMONIAS».


Porque gracias a ELLAS yo me he construido y reconstruido una y mil veces con su «Mari, por ahí no vayas que la cagas», con su «nena esta noche nos lo comemos tó», con su «amiga, te necesito ya» y yo que tardo menos diez en estar a su lado, con sus «ya te lo dije pero ven que te como la cara igualmente», con su «pásame la birra y después la barra de labios», con su «pase lo que pase, aquí me tienes», con su «anda, quita, que ya conduzco yo, que tú te has bebido hasta el salfumán», con su «no hace falta que te mire para adivinarte el pensamiento», con su «no hace falta que estés para que sepa que siempre estás», con sus abrazos modo exprimidor, con su apoyo, con sus risas, con sus llantos, con sus ganas… con solo ser ELLAS MISMAS, han conseguido de mí que SEA, ME SIENTA y VIVA COMPLETAMENTE LIBRE.
Nosotras, que somos más chulas que una gamba, siempre lo hemos tenido claro, no, ¡CRISTALINO! Las que lucimos las marcas de los cuaitantos y alrededores, nos criamos sin tener que usar el hashtag #sororidad¹ para saber que, si nos «arrejuntamos», conseguimos una argamasa indestructible con la que sujetar fuerte fuerte a la que resbale solita o, con más unicornio aún, a la que le pongan la zancadilla. Pero hay quién todavía se empeña en intentar hacernos de menos y lo que no saben es que lo único que han conseguido es que nos hagamos más fuertes para HACERNOS DE MÁS.
No suelo hacerlo porque no tengo costumbre y porque ahora es mucho más difícil que a los 20, ya os lo digo, pero si por un segundo me entretengo en levantarme el refajo y mirarme el ombligo, sé que en mi micromundo he tenido una suerte de la hostia. Literalmente, he hecho lo que he querido cuando me ha dado la real gana: he bailado, vestido, olvidado, reído, currado, llorado, gritado, ayudado, viajado, negado, apoyado, odiado y amado… pero mi suerte no ha sido hacer todo lo que se me ha antojado, mi suerte siempre ha sido contar con el apoyo total e incondicional de los míos a cada paso que he dado, pero claro, lo de mirarse el ombligo está feo ¿verdad?
Porque aunque esté la mar de a gustito en mi bonito mundo de color, resulta que en cuanto pongo un pie en la calle me llevo un ZAS en toda la boca precisamente por eso, por bocazas. Porque lo de ser cascarón de huevo en esto de tirar del carro para conseguir la igualdad entre mujeres y hombres, no vale. Porque nuestro carro resulta que aún está a cienes y cienes de kilómetros de la casilla de salida en la que, por arte más humano que divino, alguien sin tetas colocó el carro de ellos. Porque quiero que TODAS tengamos el privilegio de elegir lo que sea y cuando sea sin tener que pedir permiso. Porque quiero que TODAS podamos mirar a todo el mundo a los ojos de tú a tú, y que nos miren igual, con la misma verdad, con el mismo respeto. Porque NECESITO saber que llegará ese día en el que NINGUNA tengamos que ser ni sumisas, ni rebeldes; ni cobardes, ni valientes, ese día en el que simplemente seamos LIBRES porque no exista nada ni nadie que nos lo impida.
De mientras, yo ya lo voy AVISANDO si eso…
Mentes retrógradas y similares: ¡LO TENÉIS TODO PERDIDO!
¹. Si aún no habéis leído «La tía Tula» de Miguel de Unamuno, estáis tardando, pero lo verdaderamente primordial es que leáis su PRÓLOGO… ¡¿Y que ahora no se nos caiga la sororidad de la boca para creernos modernos?! ¡¡¡Ay si Don Miguel levantara la cabeza!!!

Deja un comentario