MI TREMENDO CHICAZO

—¡Dieciocho novias formales tuve, niña! ¡Dieciocho! Hasta que vi a la madre de vuestra amiga y ya no hubo más mujer pá mí—.

 

Esto era lo primero que mi padre le soltaba a mis amigas cuando venían a casa por primera vez. Bueno, lo primero no, que antes de contarles sus batallitas de lo tremendísimo que había sido de joven, ya les había preguntado su nombre para recitarles algún verso «improvisado» que a ellas les hacía ponerse coloraitas perdías y más anchas que largas. Todo ello a la vez.

 

Acto seguido, levantaba su metro noventa y pico del sillón y sin mediar palabra, desaparecía pasillo al fondo para volver a hacer su entrada triunfal con un cuadro de un metro por un metro:

 

—¡Mira niña! ¡Mira qué guayabo estaba uno con veinte años!

 

Él, boxeador profesional, con un pantaloncito corto de los que aún no tenían ni nylon en su composición, los puños en guardia enfundados en unos guantes de boxeo de aquellos que hacían pupa de verdad; unos abdominales, biceps, triceps y todos los demás músculos que no sé ni pronunciar, que parecían dibujados, y que ya los quisieran todos los crossfitters de ahora. Y guapo… ¡GUAPO PÁ REVENTAR!

 

Indescriptibles las caras de mis amigas tras ese momento de egocentrismo inocente y lleno de ternura. 

 

—Pero Pepe ¿De verdad que eres tú?

—Mari ¿De verdad es tu padre?

 

Y él, que por supuesto aún estaba enseñando su fotaza como si del Santo Grial se tratara, decía:

 

—Pero niñas ¡Si estoy igualito!— Acto seguido, levantaba el brazo izquierdo hasta un ángulo de 90º, sacaba un enorme biceps no se sabe muy bien de dónde, el cual meneaba de derecha a izquierda como si tuviera vida propia.

 

A ese momento: «¿Pero eso qué es lo qué es?», le seguía una gran carcajada espontánea que mis amigas soltaban de corazón. En ese instante, él sabía que las había conquistado para siempre.

 

Y es que es imposible pasar a su vera, verita vera y no caer rendidita a sus pies. Encantador nato, pero con el corazón más tierno y grande del mundo. Soñador empedernido, pero currante sin pausa. Siempre orgulloso de los suyos, pero humilde y entregado como nadie. Generoso sin medida. Tierno. Sincero. VALIENTE.

 

¡Fabulosas mías! Mi padre nunca ha sabido ni ha querido vivir la vida a medias, ni siquiera para asustarnos con un «jamacuco pasajero», y yo no puedo estarle más agradecida por ser ese TREMENDO donde mirarme. Por ser MI TREMENDO CHICAZO COCODRILO. 

 

Gracias Papá.

 

 

 

 

17 respuestas a “MI TREMENDO CHICAZO”

  1. No siendo chica doy fe de todo lo relatado, yo también vi esa foto y escuché las batallitas de tu padre un tío grande seguro que allá donde esté la estará liando y espero que se junte con el mío… era una gran tipo sin duda

    1. No lo dudes, amigo. Entre los dos estarán montando su Cruz de Mayo. Y gracias por ese abrazo. Un beso enorme.

  2. Me ha encantado!!! Ahora que yo no tengo al mío, solo te digo…aprovéchalo muchísimo. Un besito.

    1. Ainnnsss mi nueva Chica Cocodrilo. Lo tengo lejos pero siempre presente.
      Gracias!!!

  3. del tal palo tal astilla! amiga. Hay que ser agradecidas!! Ánimo!

    1. Gracias!!! Te ailovisoumachperomuch!!!

  4. Esas son las cosas que quedan marcadas a fuego en el corazón!! Un beso para él y otro para ti

    1. Gracias Lou!!! Un abrazo enorme

  5. Aishh Mamen!! Qué bonito… Ayer mi padre hubiese cumplido 82 años, pero hace 5 que no está. Él tenía un carácter parecido así, se metía con mis amigas, era muy de la broma. Pero todas mis amigas lo querían muchísimo. Un besazo!

    1. Gracias Gemma. Mil besos.

  6. Qué tierno y qué bonito ! Ole por ese papi que así de fuerte fue y así de bien de va a recuperar ❤️❤️

    1. Gracias María José!!!

      1. Precioso retrato de tu padre!!

        1. Gracias por todo el apoyo Carmen.

  7. Un post encantador, gracias

    1. Mil gracias, amiga!!

    2. Precioso!
      Fabulosa

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