MI NANCY COLOR

Tengo un defecto muy gordo. Y diréis ¿Uno solo? Ainsss, no me liéis, que los demás no vienen al caso.

A lo que iba.
Pero a ese defecto mío tan gordo, mis Fabulosas no lo ven ni tan grande ni tan defectuoso. De hecho, todas creen que mola mucho, y antes de aventurarse con alguien para casarse o para ir juntos a comprar el pan, siempre me preguntan…

Mari ¿Y este de qué pie cojea?

Sí fermosas, como se dice en mi pueblo YO VEO VENIR A LA PEÑITA DESDE LEJOS. Vamos, que me miras y te calo. Así, sin velitas perfumadas ni bolitas de cristal.
Insisto. Para mí es un defecto muy chungo. Me mata saber de antemano que con Fulanita o con Menganito tendré que tener siempre preparados el escudo de energía y la espada láser, cual Jedi en batalla interestelar.

Aunque no suelo recordar estas inevitables predicciones, porque si acerté con ellas, es que los susodichos no merecían la pena. Solo recuerdo en las que metí la pata hasta la yugular para bien o para mal, y claro, esas hostias suelen doler.

La que jamás olvidaré fue la primera vez que me equivoqué. Mi primera gran decepción, y eso que no fue con una persona.
En mi neurona de morena no tuvieron demasiado espacio todos esos juguetes que yo pensaba que no servían para divertirse, porque con ellos lo que se hacía era reproducir lo que jamás había querido ser: Ama de casa, mamá, cuidadora…. ufffff.

Nunca pude entender como todas las niñas de mi alrededor disfrutaban tanto con el mundo cocinitas, casitas, muñecas y trajecitos, que para mí eran todo un castigo.

Pero llegó ella y era tan diferente a todo lo conocido, que conquistó mi duro corazón de Chica Guerrera.

Nancy Color era como nosotras soñábamos ser: Modernas, brillantes y con miles de rizos de colores al viento.

No lo dudé, y a mis 11 años recién cumplidos, escribí la que probablemente sería la última carta que enviara a los Reyes Magos, pidiéndoles que se olvidaran de todos los feos que les hice en años anteriores, al no sacar ni de la caja, las muñecas que ellos insistían en dejarme en mi ladito de los regalos del sofá.

Y se ve que fui muy buena (lo de adornar la carta más que el epígrafe IDIOMA de mi CV, parece que coló), porque allí estaba ella esperándome esa mañana mágica del 6 de enero del 1983.., con sus pantalones vibrantes de poliester, su top multirayasmulticolor, su peine, su cepillo, su capa de peluquería profesional y por supuesto, sus tinterotuladores para teñir esos maravillosos rizos cual arco iris punk.

A toda prisa liberé de su caja carcelera a esa preciosidad, y sin mediar palabra y mucho menos sin leer las instrucciones, pinté la rubia melena rizada de Mi Nancy de un azul tan intenso como sus pantalones último modelazo.

¡Y NO PODÍA ESTAR MÁS DIVINA!

Pero no pude esperar. Os prometo que no pude. Los tinterotuladores fucsia, verde y naranja, me hacían ojitos desde el rincón de mi cama al que habían sido relegados, y sin más, con ropa y hasta con la capa protectora, metí ansiosa bajo el grifo aquellos rizos azules para que volvieran a ser rubios ¡YA! y yo pudiera pintarlos de nuevo.
—¡Ay Dios mío! Qué esto no sale.

—¡¡¡¡MAMÁÁÁÁÁ!!!! ¡¡¡¡MAMÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁ!!!! Qué a la Nancy no se le quita el azul y ahora le quiero pintar el pelo de rosaaaaaaa…..

Y allá que viene mi madre, armadita de paciencia, aquella mañana de alegría pero también de locura, como buena mañana de Reyes que era,

—A ver ¿Qué pasa? Trae «pá cá».

Vuelta a ahogar a Mi Nancy bajo el grifo.

—Qué va, no sale.

Agua a toda potencia.

—Nada, Tampoco. Pues habrá que echarle jabón.

Al lío….

Ahora sí. El vibrante color se fue por el desagüe, pero el drama estaba servido. El azul había desaparecido pero aquellos maravillosos rizos también.

No la vi venir, amigas. Mi Fabulosa Nancy Color me la «metío doblá».

Han pasado mis cuaitantos y muuuuuuuuucha «güena y no tan güena» gente por mi vida. Mi «defectoradar» de calar desde lejos, se ha ido perfeccionando con los años, y aunque me sigue jugando alguna que otra mala pasada y bastantes disgustos (por eso digo que es un defecto, me encantaría no verlas venir), también me da muchas alegrías.
Hace un par de años un desastre «tinteril» como el de Mi Nancy Color, me llevó a entrar en la casa de una Fabulosísima Chicaza Cocodrilo, y a meter la cabeza bajo su mágico grifo en el que las risas y los buenos ratos están asegurados.

Porque ELLA es transparente como la vida misma y da igual a la distancia a la que se encuentre, que SIEMPRE, SIEMPRE y PASE LO QUE PASE, la verás venir con una sonrisa en la cara que hará que te olvides hasta del día más chungo.

Mi «Brujita del Color» es alegre, sincera, auténtica y güena gente de la de verdad. Pero sobre todo es LA CHICA GUERRERA por definición de cualquier diccionario que se precie. Desde hace 13 años, pelea su día a día, SU VIDA, por y para la niña de sus ojos, y por eso y por ese millón de parpadeos de pestañas azules, de morritos coloraos, de risas con espasmos, de escucha infinita, y de todas las cosas bonitas que nos das, nosotras, TUS NANCYS, no podemos quererte más.

4 respuestas a “MI NANCY COLOR”

  1. ainssss que de recuerdosssss Fabulosa!!!
    Noche de reyes, despertador-hermano: qué han llegado los reyes!!
    Padres con la habitación llena de cajas y papeles… (qué ha pasado aquí… estarán de limpieza…)
    Y por fin, el regalo que esperasss
    ILUSION es poco!!
    Es el eclipse más potente al que te puedes enfrentar, todos los astros alineados por y para ti… FANTASTICOOOO
    Y el sexto sentido, seguro que a más de una, le vino también envuelto en un regalo… y a partir de entonces… a desarrollarlo!!
    Graciassss… me da a mí… que tú y yo vamos a tener una buena fabu-amistad……

    1. Feeling ni Feelong!! Nosotras EMOCIÓN a cascoporro!!! Muuuua

  2. Ese sexto sentido, a veces una virtud, en ocasiones una desgracia… Pero si te sirve para apartar a personas tóxicas de tu lado, bienvenido sea. Tenemos que rodearnos de personas mágicas, que nos llenen, nos aporten… Gracias Fabulosas mías.

    1. Pá fuera lo malo y que entre lo bueno!!!!

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