LA(s) PLAYA(s) DE MI VIDA.

Esta mañana, nada más levantar la persiana, me he dicho: Mamen, hoy en vez de modelito pastelero y primaveral de Domingo de Ramos, mejor estrenamos temporada playera.

 

Y así, más blanca que una pared encalada, con mi libro, mi hamaquita (que aunque las Chicas Cocodrilo seremos eternamente divinas, después de tres horas tumbadas en la arena, lo mismo nos cruje algún resorte), y mi maromo a mi vera; he vuelto a ser aquella niña que se ponía nerviosita perdía en su primer día de playa.

 

Ainssss, y es que hay cosas que son pura EMOCIÓN, tengamos la edad que tengamos. Para mí, una de las más importantes es el mar.

 

Nada es comparable a los nervios de la noche de antes del inicio de mis vacaciones en la Primera Playa de mi Vida. Torre del Mar (Málaga).

 

Eran dos meses y medio de aventuras, de chicos que nos parecían Adonis, de llantos por enamoramientos que olvidábamos en cuanto aparecía «el nuevo» en la pandilla, pero, sobre todo, de amigas con las que te mimetizabas hasta que ni tú misma te distinguias.

 

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Mis otoños, inviernos y primaveras en Cordobita la llana no tenían desperdicio, pero yo los pasaba soñando con la mañana en que mis padres nos «cargaban» a mis abuelos, al perro, la televisión portátil, las mil maletas, a mis tres hermanas y a mí, en el 131 Supermirafiori, caminito de Torre del Mar. Que si bien es un trayecto que ahora nos da risa, aquella inexistencia de autovía, lo convertía en una tortura de cuatro horas que merecía la pena sufrir. Allí me esperaba la Felicidad Absoluta.

 

Y llegó Cádiz. Con su levante, sus puestas de Sol infinitas, sus playas para perderse y, sobre todo, con él y por él.

 

Mi Chicazo veraneaba en Barbate y claro está que yo no iba a perder el salto.

 

Nunca había visto semejantes playas. ¡Qué maravilla de olas! ¡Qué delicia que te metes y no cubre! ¡Qué rápido te pones morena con esa brisa marinera! Pero ¡Ayyyyy amiga! Qué en mi playa de Torre del Mar no había esta arena suave, mullidita y ligera a su vez, cual harina tamizada, que se metía hasta dónde nadie la había invitado.

 

Allí que estuve quince días de playa, con sus más de seis horitas cada día, que no salí del agua. ¿Cómo podían pasarse las horas sentados encima de aquellas toallas recubiertas de arena?

 

Al llegar a casa no me quedó otra que tirar aquellos biquinis en los que me había traído más de una fanega de arena en cada uno. Pero ya me había enamorado sin remedio de Cádiz. Ya solo pensaba en volver.

 

Siempre buscamos la oportunidad para hacerlo. «Nuestra historia» tiene el sello del Levante Gaditano, y eso es mucha tela.

 

beach playa GIF

 

Entre tanto, me he paseado a base de bien, por casi todo el litoral español y todos los anexos que se han terciado. De cada una de esas playas guardo una brisa.

 

Pero la playa de mi vida de ahora llegó sin buscarla, es más, llegó sin ni siquiera imaginarla porque jamás había pensado en ella.

 

De Ceuta dicen que es una perla del Mediterráneo. Y yo diría que es una perla recubierta de una concha indestructible. Ceuta es dura y fuerte, como las rocas de sus playas. Es limpia y transparente, como el agua que la baña. Pero sobre todo, Ceuta es cultura y mezcla, como la del Atlántico y Mediterráneo que en ella se entrelazan.

 

¡Fabulosasmías! Seguro que aún nos quedan chaquetones y paraguas que coger antes de torrarnos en cualquiera de nuestras espectaculares playas. Pero llegado el momento, lo disfrutaremos como hacemos con todo ¡A lo grande!

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