¿DE QUÉ VAS? 1ª PARTE

Esta fue la primera vez en la que fui consciente de lo vital que era para una Fabulosa Chica Cocodrilo, la importancia no solo de SERLO, sino también de PARECERLO.

 

¡¡Ainsss!! ¿Por qué nadie me dio un «collejazo espabilador» en ese preciso instante?

 

Desde que terminamos el curso de 8º de EGB, allá por el Pleistoceno. Desde ese mismo día en el que nos dieron el temidoamado Boletín de Notas, nuestro único objetivo, plan y tema de conversación durante todo el verano fue…

 

¡Marissssss! ¿QUÉ NOS VAMOS A PONER EL PRIMER DÍA DE CLASE DE NUESTRA NUEVA VIDA EN LIBERTAD?

 

Sí. 1ºde BUP para nosotras suponía la LIBERTAD. Pero no la libertad ansiada por el Conde de Montecristo o por FranK Morris en Alcatraz.

 

¡Qué va! ¡Qué va! ¡Qué va! 

 

La nuestra era la VERDADERA Y AUTÉNTICA LIBERTAD. Esa con la que toda niña de la EGB soñaba desde los 3 años y que siempre pensó que aquello tan maravilloso solo le pasaba a las buenas chicas y no a ella.

 

IR A CLASE SIN UNIFORME. Es decir, con ROPA DE CA-LLE.

 

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Aunque nosotras jamás hubiésemos pronunciado una expresión tan de madreabuela, ya os lo digo. Lo nuestro hubiese sido algo más así como… ¡Conjuntito, mono, monísimo!

 

Pero por fin llegó aquella mañana de septiembre, de mi primer día de clase de 1º de BUP. Y digo POR FIN, porque si llega a tardar un diita más, me tengo que tomar un diazepan de los nervios tan nerviosos que tenía. Aunque nada podía salir mal. Habían sido semanas de arduo trabajo de grupo, mega planificado y llevado a cabo por las mejores profesionales del país en el sector: NOSOTRAS.

 

Los Levis 501 blancos, cortados y «despelechados» a la altura exacta de la pantorrillas a la que debían estar. Ni un milímetro más ni un milímetro menos. Blusa de cuadritos vichy rojos y blancos (cual mantel de Mesón-Casa Manolo, o Rafael o Pepe… imaginación al poder). Naúticos rojos, pero exactamente del mismo rojo que los cuadros de la camisa ¡CLARO ESTÁ! Y con el final de los cordones en «nudo de barril» ¡FALTARÍA MÁS!

 

Aunque el detalle que no podía faltar en el look de ninguna Chica Cocodrilo cool del momento eran esos LAZOS de Don Algodón que debías tener sí o sí en todos los tonos del Universo , para que jamás salieras a la calle sin ser la conjunción personificada. (El truquillo era comprarlos a «pachas» con tu más mejor amiga, pero de eso no se tiene que enterar nadie ahora ¿verdad?)

 

 

Y allá que iba yo, caminito del colegio (disfrazada del Athlético de Madrid, ahora que lo pienso), locaperdía de felicidad, porque mi amigui y  yo dejábamos obnubilados con nuestra belleza y desparpajo, a todos los humanos con los que nos cruzábamos. O eso creíamos nosotras. ¡Inocencia de la buena!

 

Por supuesto que llegamos a la entrada del colegio una hora antes. Después de más de dos meses de vacaciones, teníamos que besarnos y abrazarnos mil, pero sobre todo, debíamos comprobar que éramos LAS MÁS MONAS de todo BUP sí o sí. 

 

¡Échale guindas al pavo, pavo… que yo le echaré a la pava, asssuquita, canela y clavoooooo!

 

Y es que aquella Felicidad de sentir esa LIBERTAD añorada durante toda una vida, terminó tan pronto como tardó en dejar de sonar el timbre de ¡A clase! Y eso que lo sabíamos porque en el fondo de la mochila lo llevábamos guardado como quién esconde su peor secreto… DEBÍAMOS PONERNOS EL BABY.

 

¡Señor! ¡Recógeme, te lo suplico!

 

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Aunque no permitimos que la magia desapareciera. Ese caminito de ida y vuelta. Cuatro veces al día, helara, tronara, diluviara o nos asfixiáramos. Nosotras lo hicimos comiéndonos el mundo… O al menos, de mi casa al centro y del centro a mi casa, rodeando por algún instituto, como no.

 

… Pues lo dicho, que esta fue la primera vez en la que yo, sin darme cuenta, quería formar parte de eso que nadie sabía muy bien lo que era, que no sonaba nada bien, y que a nuestras madres les daba tanto miedito… LAS TRIBUS URBANAS.

 

El problema no estaba en que yo quisiera, el problema (y gordo) estaba en que yo creía que lo era. 

 

Sí jasmías, con todo mi pavo, me disfrazaba de «PIJA» todo lo que podía y más. Y claro, aquello no podía durar mucho. 

 

Yo, más de barrio que las bodeguillas, me había ascendido a mí misma por obra y gracia de cuatro trapos de Benetton, Amichi y Don Algodón, a los más altos altares del Pijotismo de catálogo. (Los cuatro trapos a compartir con hermanas y amigas, claro está). La Hostia se anunciaba durita, y lo fue.., os puedo asegurar que lo fue. Aunque por suerte, el pavo pijotil me abandonó tan pronto como terminó el curso.

 

Cambiaron mil cosas que hicieron temblar todo mi mundo, pero lo que en principio parecía LO PEOR, se convirtió en VIDA REAL y yo aluciné de que fuese tan buena y divertida como fue. Ya no estaba entre algodones, ni Don ni Doñas, y ¡Qué me gustaba mi nueva vida! Esa en la que ya no imitaba a nadie, esa que era MÍA DE VERDAD.

 

Después han ido y venido mil modas, y yo me he disfrazado casi de todo: grunge, popera, hippy, rockabilly, de señora antes de tiempo… y aunque hace mucho que encontré mi esencia —SI NO ES CÓMODO NO LO QUIERO, soy práctica como la vida misma— probé todo lo que me apeteció y me la «repanpinfló» lo que nadie pensara.

 

¡FABULOSASMÍAS! Si os parece, podemos hacer un recorrido por esas «tribus urbanas» de nuestra Movida. Yo superé lo del pijotismo ¿Y vosotras? ¿DE QUÉ ÍBAIS?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2 respuestas a “¿DE QUÉ VAS? 1ª PARTE”

  1. Yo tb quería ser pija sin saber q en parte, ya lo era ‍♀️

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