¡ADRENALINA!

No sé por qué extraña razón de la naturaleza me hallo fuera del circuito de lo que viene siendo el ligoteo, flirteo y/o crusheo de la vida. Me temo que lo mismo tiene que ver —un poquillo ná más—, con eso de estar cerquita de los cincuenpocos, mientras observo sin remisión, como los cuaimuchos comienzan a salir corriendo. Lo de contar por ahí que ando acoplada con mi maridomaromo desde hace más de treinta años, a lo mejor tampoco ayuda mucho, pero ahora que lo tengo bien criadito, no vamos a mandar a la criatura a comprar tabaco. Parece que estaría feo ¿verdad?

 

Y no es que yo eche de menos* esos momentos de alterne de:
—¡Nena, nena, nena, qué te ha mirao!
—¡Qué no tía! Que ha mirao a la rubia que acaba de pasar por detrás.
—¡Anda ya, fartusca! Si le faltan solo 20º de giro de pescuezo para convertirse en la niña del exorcista ¿No ves que no te quita los ojos de encima?

*No, ni ná.

¡¡¡PERO CÓMO MOLABA!!!

Y aquello pasaba de un simple merodeo a un me tiene desencajaita perdía, en menos diez. Y lo mejor, a él ya se le había hecho la gomilla de los gayumbos pepsicola, solo con que le devolvieras la mirada.

Lo siguiente era tan evidente como divertido:
—Perdona ¿tienes fuego?
—Sí, claro.
—¡Nenaaaa! Ven, que aquí tienen FUEGO.
Y allá que ibas tú, intentando encontrar un resquicio de la dignidad que la loca de tu amiga acababa de perder por completo.

Que si… toma fuego. Que si… ¿Cómo os llamáis? Que si… ¿Venís mucho por aquí que nunca os habíamos visto? Que si… ¿Queréis otra birra? Que si… vamos a cambiar de garito ¿Os venís con nosotros? Que si… ¡Qué tarde es! Verás la bronca que me va a caer. Que si… ¿Ya os vais? Anda tontas, que es muy pronto. Que si… ¡Qué va, tío! Me piro, que mi padre me va a moñear. Que si… no te vayas sin darme tu número. Que si… ¡Venga bah! Aquí lo tienes, total, no me vas a llamar. Que si… ¿Eso es lo que tú no sabes? Que si… ¡Claro que lo sé! Nunca llamáis. Que si… bueno, si no te fías, apunta el mío y me llamas tú. Que si… ¡Ves! Eso es que no piensas llamarme, lo que quieres es que te llame yo, pues ya puedes esperar sentadito, guapo. Que si… Mañana te llamo a las cinco y nos tomamos un café en un sitio más tranquilo. Que si… sí claro, y yo voy y me lo creo…

El domingo transcurría lento, muuuuuuuy lento. Tu madre te miraba raro y te decía:
—Chiquilla ¿Se puede saber qué haces en mi dormitorio tanto rato? Anda, sal ya de ahí y ven a sentarte a la mesa de una vez.

Pero tú no salías. Tú te habías atrincherrado, sentadita en el suelo, justo en el hueco inservible que siempre existe entre la mesita de noche, donde estaba el único teléfono con algo de intimidad de todo el piso, y la pared.

—¡No tengo hambreeeee! —gritabas bien fuerte para que te escuchara tu madre, tras la puerta que previamente habías cerrado y atrancado con la otra mesita de noche.
—¡Ah! ¿Qué ahora no hay hambre pero anoche bien que arramblaste con media barra de pan y un cuarto kilo de chopped? O vienes o te traigo yo del moño ¡Tú verás!

E ibas. Madre mía que si ibas. Ibas que te las pelabas. Pero con la misma de rapidez que habías ido, era con la que regresabas al hueco maldito en cuanto todos se quedaban traspuestos en el sofá. Las tres y media, ya solo te quedaba hora y media de ver pasar cada segundo en el despertador de tu padre, esperando a que dieran las cinco.

Porque sí. Porque tú mucho lerele de que «no me vas a llamar, tonto», pero ahí que te habías pasado todo el puñetero domingo con la mano puesta sobre el auricular del teléfono para descolgarlo a la velocidad de la luz, en cuanto sonase, antes de que a nadie de tu numerosísima familia le diera tiempo a hacerlo en el del salón o en el de la cocina.

¡DRAMÓN! Las cinco y medio minuto, y el puñetero teléfono no ha sonado.

Britney Spears Crying GIF

Tonta, tonta y requetetonta, te repetías una y otra vez. Si es que parezco nueva. Nunca llaman, y si lo hacen, es solo cuando a ellos les sale de los firindindinguis. Y a las cinco y cinco te levantabas del suelo, más cabreada que un pavo en navidad, y te encerrabas en tu cuarto, previo portazo con el que despertabas a tu madre de la siesta, para alegría y disfrute de toda la familia.

Te lanzabas a por tu diario y escribías con la mayúscula más mayúscula del universo: AYER CONOCÍ A OTRO GILIPOLLAS. Y te quedabas más ancha que larga. Llamada a tu amiga para terminar de desahogarte con una vueltecita por el barrio. Arreglarte sin desmesura, porque ¡Total, para quién nos va a ver, qué mas da! Y derechita pá la calle.

Abres la puerta, chillas ¡Me voyyyyyy! y cierras sin dar tiempo a la réplica. Entonces y solo entonces, es cuando escuchas a lo lejos, cómo el sonido del timbre del teléfono llega casi imperceptible hasta a ti, a través del larguísimo pasillo de tu casa. No respiras por no hacer ruido, no quieres volver a entrar vaya que la llamada no sea para ti y encima te diga tu padre que dónde te crees que vas un domingo a esas horas.

—¡Niñaaaaaaa, el teléfono! Es para ti y es un tíoooo. —se desgañitaba el infame de tu hermano para que a tus padres les fuese imposible no enterarse.

Abrias la puerta de nuevo tan rápido, que ni siquiera sabías si habías usado la llave. Descolgabas el teléfono de pared de la cocina, tapabas el receptor, y ahora eres tú la que gritabas como un posesa: ¡¡¡CUELGAAAAAA!!! Respirabas hondo, te recomponías, rebuscabas en tu interior tu voz de la «indiferencia», mil veces practicada y decías…
—Sí. Dígame. ¿Carlos? ¿Qué Carlos?

Fabus, éramos muuuuy tontas y muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuy tontos, y lo sabéis. Pero había que ser muy VALIENTE para llamar a casa del chico o de la chica que nos tenía loquitos perdíos, sabiendo que sus padres podían contestar al teléfono y, lo que era muchísimo peor, que la criaturita encima no estuviese en casa y tuviéramos que dar todo tipo de explicaciones a sus progenitores, sabiendo el cachondeito que más tarde se gastarían a vuestra costa.

¿Whatsapp? ¿Telegram? ¿Instagram? ¿Msn? ¿Tinder? ¿Meetic?… Perdonad que os lo diga, PERO NO TENÉIS NI PAJOLERA IDEA DE LO QUE ES LA AUTÉNTICA ADRENALINA.

6 respuestas a “¡ADRENALINA!”

  1. Madre de Dios!!! Tú has vivido en mi casa y yo no te había visto!! Jajaja, es muy bueno y real como la vida misma.

    1. Si es que lo nuestro es mucho, ¡Jefa!
      Me gusta que te guste. Graciasssss

  2. ¡¡Qué bueno por favor!! En mi casa un teléfono en el salón y el otro en la habitación de mis padres. Y las tres hermanas esperando a que sonara, jajjjaaaa

    1. Nosotras cuatro chicas, no te digo más jajajaja. Gracias fabus!!!

  3. Brutal jajajaja y muy cierto. Esa sensación de peligro al sonar el teléfono. Bravo, Mamen, me ha encantado

    1. Aún tengo pesadillas con el temita de marras, no te digo más. Jajajaja. ¡Gracias Fabus!

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